Las vacaciones son ese momento del año en el que estoy al pedo todo el día y sin embargo no aprovecho tanto tiempo de ocio para escribir algo acá, que para algo lo empecé, sino que me pongo a jugar jueguitos estúpidos y repetitivos. Es más, entre la oración anterior y esta pasó media hora porque me puse a pavear. Qué raro. De todos modos ando corto de ideas, y lo que quería hacer para variar un poco era copiar un par de cuentos que me sorprendieron porque presentan ideas del cosmos algo parecidas a las que vengo exponiendo, aunque con sus diferencias, por supuesto. Por cierto (o por otro lado, mejor dicho), las últimas semanas anduvimos de viaje por la Patagonia, y descubrimos que en Chubut todo es galés y también descubrimos que el galés es un idioma que no solo no se parece al inglés, sino que se parece más al vasco en el sentido de que no se parece a nada y no se entiende una goma.
Bueno, lo que decía de los cuentos era algo que QUERÍA hacer, y de hecho lo QUIERO hacer, pero no lo VOY a hacer HOY, porque no tengo el librito, la pucha. Queda para después.
Por lo tanto va a haber que seguir hablando pavadas sobre vacaciones y pros y contras de estar de vacaciones. Lo bueno de las vacaciones es el descanso, y la posibilidad (a veces) de viajar, pasear, estar con amigos, perder el tiempo como se te cante. El drama es que la cantidad de boludeces que podemos hacer es tan grande que al final tomamos la peor alternativa, o nos agobian las posibilidades y no hacemos nada en absoluto. Mejor que pase lo segundo. Mejor no hacer nada que hacer cosas que no valen la pena. Mejor descansar. Durante el año, con el estudio o el laburo o lo que venga, uno está ocupado y no se pone a pensar las boludeces que le cagan la vida en las vacaciones, porque la cabeza ya está suficientemente llena de problemas. Es así. En vacaciones uno se propone alejarse de los problemas, y se aleja, sí, pero se mete en otros problemas distintos de aquellos de los que se alejó. Lo mejor para las vacaciones sería agarrar el cerebro y dejarlo en un frasquito en la mesita de luz (y ya que estamos, dejar el hígado ahí también, las razones son obvias). Desgraciadamente no se puede hacer eso. Intentar simularlo tampoco es demasiado efectivo, aunque ayuda. Parece que hay que bancársela. Así, en vacaciones se n-uplican los problemas familiares (ya desde temprano, en las fiestas más que nada… medio tarde vengo a comentar esto, ya se) y en algún momento no nos podemos hablar con nadie. Pasa siempre. Y eso no es todo: viene siempre el típico “me aburro”. Y sí, en las vacaciones uno se aburre. Se la pasa haciendo nada, y hasta lo que hace para divertirse muchas veces es aburrido. Lo peor en esos momentos es ponerse a pensar, porque vienen a la mente cosas molestas, nos ponemos de mal humor y así vienen los quilombos. Entonces, ¿hay que mantenerse ocupado? ¡Ni ahí! Ya bastante ocupado estuviste en el año. Como me contaba un tío el otro día: si en vacaciones no sabés qué hacer y estás aburrido… no hagas nada. Después cuando tengas que hacer te vas a acordar del tiempo que tuviste para no hacer nada, y te vas a arrepentir de no haberlo usado para descansar. Dejá de leer y pegate una siesta.
Si no me hiciste caso, te vas a enterar que en realidad estoy acá haciendo tiempo porque ya debería empezar a estudiar para los exámenes de febrero y no tengo nada, pero nada de ganas. Vuelvo pronto (?) con ideas mejores, ahora dejenme escuchar musiquita. (hace tanto que tengo los auriculares puestos que ya ni los siento)