Dijo Confucio a sus discípulos Shen Ron, Yao Ming y Lin Kim Park,
Cuidad vuestro cuerpo, porque es el único que tenéis. Cuidad vuestra vajilla, por abundante que sea. Cuidad vuestra dignidad, por escasa que sea. Y ante todo, no introduzcáis vuestros dedos entre la boca del dispenser de agua caliente y la taza de té, pues dañaréis vuestro cuerpo, destruiréis vuestra vajilla, y perderéis vuestra dignidad.
Es una pena que encontré estos consejos esta tarde, unas tres horas después de dañar, destruir y perder exactamente esas tres cosas, respectivamente.
(Igual como el agua no está realmente hirviendo no lastima nada, por suerte.)