Del Aire y el Agua (y las canas)
El tiempo vuela, dicen. Si es así, debe ser pasajero frecuente en todas las aerolíneas, porque nunca para de volar. Es más, parece que acelera.
No sé si es una metáfora tan buena. Más que volar o correr, el tiempo fluye. Siempre en una sola dirección, a menos que seas H.G. Wells1.
Así es que comencé a escribir este post el 23 de septiembre de 2025, y hoy, 1 de enero de 2026, recién estoy en la tercera línea. Porque el tiempo siguió su curso y simplemente me arrastró y acá estoy.
Lo que decía, el tiempo se parece más a un río que a un vuelo. Para empezar, un vuelo dura un tiempo limitado, si no, el avión se queda sin nafta o el pájaro sin energía y eso no puede terminar bien; pero en el caso del río, la gravedad hace su trabajo y nunca se detiene, aunque por momentos cambia su velocidad y no en todos sus puntos se mueve igual de rápido. Esta metáfora es mucho mejor, claramente: abarca tanto la parte objetiva como la subjetiva del asunto.
Por eso es que robé esta idea sin ningún escrúpulo. Ya mucha gente ha hecho esta comparación anteriormente, entre ellos, este año el año pasado Jordan Dreyer de La Dispute en la épica “Environmental Catastrophe Film” (que no es una peli, es una canción), y seguramente él se lo robó a alguien más.
Volviendo hoy 2 de enero al tema de la aceleración aparente del tiempo: ¿qué onda? ¿Por qué el tiempo parece pasar más rápido a medida que uno se pone más viejo? ¿Y cómo es que no estamos todos teniendo un ataque de pánico al respecto y poniendo todas nuestras energías en hacerlo sentir más lento? Dicen [cita requerida] que se trata de la falta de novedad. Cuando somos chicos, todo nos resulta nuevo y emocionante, pero de grandes, vivimos engranados en la rutina y no hay tantos momentos que se nos queden grabados en la memoria. Y al final, el tiempo, subjetivamente, es la acumulación de esos recuerdos.
Entonces 2025, un año de lo más rutinario para mí, es un año que pasó volando como un avión o me arrastró como un kayak en un rápido. Lo que más recuerdo, justamente, son las vacaciones, donde fuimos a Asia Central, lo cual nunca nos habíamos imaginado.
Trabajo, ejercicio (a veces), cena, dormir, repetir.
Sería genial poder salirse un poco más de la rutina, hacer cosas nuevas frecuentemente, dejarse sorprender… pero la vida en general siempre se mete en el medio. Y con eso no se puede hacer demasiado. El vértigo se incrementa y el tiempo no para; no, el tiempo vuela.
Qué porquería.
Un proyecto
El proyecto, destinado al fracaso desde el minuto cero, consiste en lo siguiente: publicar un post por semana cada dos semanas, cada uno comenzando con una letra diferente del alfabeto, en orden de la A a la Z (excluyendo la ñ, perdón mi querido idioma castellano) para obtener 52 26 posts en el año.
Este post, llamado “Aviación”, marca el comienzo del proyecto. Aunque no tenga nada que ver con aviación, en realidad.